Seguro te pasó. Entrás a Instagram o te llega un WhatsApp y escuchás un tema que parece un hit de los 70, o un trap que suena igual a lo que está en el Top 50, pero te enterás de que no lo tocó nadie. Lo hizo una computadora en 30 segundos. Son Suno y Udio, las plataformas de las que todos hablan.

Pero atrás de esa “magia” hubo un bardo legal tremendo entre 2024 y 2025 que cambió las reglas del juego para siempre. Si sos músico, productor o compositor independiente acá en Argentina, tenés que entender qué pasó, porque esto define cómo vamos a laburar (y cobrar) de ahora en más.

Acá te cuento la película completa, sin vueltas y en criollo.

¿Qué son estos bichos y por qué se armó lío?

Primero, entendamos la herramienta. Suno y Udio no son como esos plugins viejos que te tiraban un acorde. Estos son modelos de Inteligencia Artificial Generativa. Funcionan “escuchando” millones de canciones para aprender patrones: cómo suena un redoblante de rock, cómo se estructura una chacarera o cómo frasea un rapero.

El problema es: ¿De dónde sacaron esas millones de canciones para aprender? La respuesta corta: De todos lados. Se “comieron” internet.

Las tres grandes discográficas del mundo (Universal, Sony y Warner, a las que llamamos las “Majors”) se dieron cuenta de que estas IAs habían entrenado usando sus catálogos sin poner un peso. No era inspiración; para ellos era “robo a escala industrial”.

El “Momento Napster” (o cuando cayeron las demandas)

¿Te acordás (o te contaron) cuando apareció Napster y la industria se quiso morir? Bueno, en junio de 2024 pasó lo mismo. Las Majors le metieron juicios multimillonarios a Suno y Udio.

¿La prueba del delito? Fue casi graciosa. Los abogados se pusieron a jugar con la IA:

  • Le pedían “canción de navidad estilo diva pop” y la IA escupía algo idéntico a Mariah Carey.
  • Le pedían rap y la IA tiraba, sin querer, la famosa “etiqueta” de productores conocidos (tipo “CashMoneyAP”).

Eso demostró que la máquina no estaba “creando” de la nada; estaba “recordando” lo que se había copiado. Fue como encontrar al ladrón con las joyas puestas.

La defensa: “Es como escuchar la radio”

Suno y Udio se defendieron diciendo algo interesante: “Nosotros no copiamos canciones para venderlas, las analizamos para aprender. Es lo mismo que hace un pibe que escucha a Charly García para aprender a tocar el piano”. A esto le llaman Fair Use (Uso Justo).

Además, dijeron que usar los videos de YouTube para entrenar no era hackear nada, porque los videos están ahí, públicos para todos.

Pero la cosa se puso espesa. Los músicos independientes (gente como nosotros, pero en EE.UU. y Europa) también saltaron. Se armaron demandas colectivas diciendo que esto era “competencia desleal”: usar tu música para crear una máquina que te quite tu laburo.

El final de la guerra: Si no puedes vencerlos… ¡Cobrales!

Acá viene el plot twist de finales de 2025. Cuando parecía que las empresas de IA iban a quebrar por los juicios, llegó la billetera.

Las discográficas se dieron cuenta de que no podían matar a la tecnología, así que decidieron controlarla. Pasaron de la “guerra total” a la “paz armada”.

  • Universal arregló con Udio: Retiraron la demanda a cambio de que Udio pague licencias y arme una plataforma “limpia” solo con música autorizada.
  • Warner se amigó con Suno: Firmaron una alianza estratégica.
  • Nació Klay Vision: Una IA nueva que salió directamente “ética”, pagando derechos desde el día uno.

Básicamente, las grandes empresas crearon un “Jardín Vallado”. Ahora, estas herramientas van a ser legales, seguras y prolijas… pero pagando peaje.

¿Y esto en qué nos afecta a nosotrxs?

Acá es donde hay que prestar atención. La industria se partió en dos:

  1. El Mercado Blanco (VIP): Las herramientas oficiales (el nuevo Udio, Klay) van a usar música de las grandes discográficas y les van a pagar regalías. Si sos artista de Sony, capaz te cae una moneda si alguien usa tu estilo.
  2. El Mercado Gris (Nosotros): Los artistas independientes que no estamos en esos acuerdos gigantes quedamos en un limbo.
    • Nuestra música ya fue usada para entrenar a los modelos viejos (el daño ya está hecho).
    • Hay demandas colectivas (como la del caso Tony Justice) peleando por los independientes, pero eso tarda años.
    • Existe el riesgo de que surjan IAs “piratas” que sigan usando nuestra música sin permiso, mientras las IAs “legales” solo benefician a los grandes sellos.

Resumen para el mate:

La tecnología llegó para quedarse. Ya no es el “Lejano Oeste” donde valía todo; ahora es un negocio formal entre gigantes tecnológicos y gigantes musicales.

Lo bueno: Las herramientas que vamos a usar van a ser increíbles y, de a poco, más legales.Lo malo: Como siempre, los independientes tenemos que estar pillos para no quedar afuera del reparto de la torta.

La IA no va a reemplazar la creatividad humana, ni la emoción de un vivo en un bar de Palermo o una peña en Córdoba. Pero sí va a cambiar cómo producimos y cómo se mueve la guita. Hay que estar atentos, no regalar el material y seguir haciendo música que ninguna máquina pueda imitar: la que tiene sangre.



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